Día del Trasplante
Vivir con un corazón nuevo es sinónimo de "esperanza e ilusión"
- Jaime Montes relata su nueva vida tras ser trasplantado de corazón hace apenas cinco meses
- Hoy es el Día Mundial del Trasplante de Órganos y Tejidos
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El periodista Jaime Montes, de 26 años, celebra este jueves el Día Mundial del Trasplante de Órganos y Tejidos con un nuevo corazón. Tras sufrir dos paradas cardiacas y después de tres semanas en coma, esperó durante meses en el hospital hasta que apareció un donante compatible. El 1 de octubre de 2024 fue intervenido y, desde entonces, está recuperando fuerzas. Ahora afronta el futuro con “esperanza e ilusión”.
A él se le ha quedado grabado que el 28 de junio de 2024 se desplomó con 25 años y cuando volvió a abrir los ojos había cumplido los 26. Pasaron muchas cosas por medio de las que no llegó a enterarse. Sufrió dos paradas cardiacas y estuvo tres semanas en coma. En la UCI temieron por su vida, por su falta de respuesta neurológica y también por si su situación llegaba a afectarle al hígado o a los riñones.
Sabía que ese momento podía llegar a producirse. A Montes le diagnosticaron al nacer una cardiopatía congénita. Tuvo varias intervenciones y, además, a los 12 años le pusieron un marcapasos. Al crecer fue cumpliendo con sus revisiones y en la última le dijeron que se fuera haciendo a la idea de que pronto iba a necesitar un trasplante.
Los acontecimiento se precipitaron. Pasó por quirófano en junio para un recambio. Se suponía que era un tema menor, pero todo se complicó. Le dieron de alta, se fue a casa, empezó a encontrarse mal, volvió a ingresar y estando en el hospital perdió el conocimiento.
Fue entonces cuando llegaron los días críticos. Estaba en el Ramón y Cajal de Madrid y decidieron trasladarle a La Paz. "Fui con un dispositivo de película, con un montón de personas en la ambulancia, pendientes de cada aparato”, relata ahora que han transcurrido los meses y su vida comienza poco a poco a volver a la normalidad.
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Todo esto se lo contaron realmente cuando se despertó. Entonces, se sintió completamente desorientado. "Fue un susto para mí", confiesa. No reconocía el lugar ni sabía qué hacía allí. Además, los pulmones empezaron a resentirse y llevaba desde las paradas con terapia ECMO. Este sistema de soporte cardiorespiratorio no podía mantenerse así por mucho tiempo y, por eso, era urgente encontrar un corazón compatible. Al final, se lo tuvieron que quitar porque tuvo un trombo. "Algo que mi cuerpo aguantó. Fui recuperando y salí del código cero”, explica sobre el estadio en el que meten a los pacientes de máxima prioridad.
Jaime estaba débil, pero la situación de gravedad fue revirtiéndose y ganó tiempo paulatinamente. No fue fácil recuperarse. Con sus dos metros de altura, después de tantas semanas en cama, le costó ponerse en pie. Había perdido muchísima masa muscular, tuvo problemas para comer y sentía una gran apatía. Así fue como pasó el verano, encerrado en el hospital junto a otras personas que estaban en su misma situación. Todos aguardaban a que apareciera un órgano para iniciar una nueva vida.
Los médicos le advirtieron de que la espera iba a ser complicada, si bien ese tiempo de prórroga le serviría para recuperar fuerzas tras varias semanas en la UCI y para contar con más defensas antes de entrar en quirófano. Ese mensaje lo recibió como "un palo" porque "lo veía todo muy lejano” y la paciencia también se agotaba.
1-0, FECHA CLAVE
Tras una espera "muy pesada", llegó la fecha clave. "Estaba nervioso, pero era lo que tanto anhelaba", rememora. El 1 de octubre de 2024 ya tenía un corazón nuevo. No lo olvidará jamás. En reanimación, al primero que vio fue a uno de los médicos que le atendieron al llegar. Destaca de él su humanidad y sensibilidad. "Mi madre le quería dar un abrazo siempre que le veía", comenta mientras valora el papel de la sanidad pública. Cree que hay que ensalzar la labor de todos esos profesionales "empáticos, que padecen lo que tú estás padeciendo y quieren verte bien".
También recuerda que el primer día estaba “eufórico” con esos latidos resonando en su interior. "Ostras, he sobrevivido al trasplante”, pensó. Pero luego tuvo un bajón. "Voy a reunir energía para dar un cabezazo contra esta puerta y la atravieso, pero como lo tenga que hacer otra vez mañana, no sé cómo podré", meditaba encerrado en su habitación.
Su voluntad le ayudó a remontar. Un día se preguntó qué hacía él antes del trasplante. Pidió una tablet para ver los partidos del Atlético de Madrid y también 'La Revuelta'. "Tenía que retomar mis rutinas", señala. Pero aún le quedaba un escollo por sortear. Al realizarle una cura, observaron que tenía sangre y volvieron a operarle el 11 de octubre porque uno de los alambres que ayuda a cerrar el esternón no estaba sellando correctamente. Pero se lo tomó muy bien. Ya se sentía animado y convencido de que se iba a curar.
Así fue como terminó pasando a una habitación de planta, donde estuvo otras dos semanas hasta que le mandaron para casa. En esa etapa fue feliz porque no podía salir de la habitación, no podía abrir la ventana, pero dejaron que su novia durmiera allí.
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SU PAREJA, UN PILAR FUNDAMENTAL
Su pareja, Nuria, ha sido siempre el "impulso y la ayuda que necesitaba". “Aquí fuimos dos los trasplantados. Yo viví la parte física, pero ella estuvo todo el rato a mi lado, consciente, y ha sufrido mucho", detalla.
Ella, también periodista, mandaba cada día un parte del estado en el que se encontraba a su familia, a los amigos y a los compañeros de trabajo. "Siempre lo hizo de forma serena y objetiva. Ensalzando lo bueno, pero sin ocultar la realidad". Ahora le cuida y teletrabaja para no tener contacto con otras personas que puedan contagiarle cualquier infección. Montes está inmunodeprimido y debe extremar las precauciones.
Él se emociona mucho al hablar de ella porque ha sido un pilar fundamental sobre el que se ha apoyado para seguir luchando. También le pasa cuando piensa en sus padres y expresa lo mucho que le han ayudado. Sabe que lo han pasado mal y les agradece que le hayan cuidado siempre.
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NUEVA ETAPA
Ahora, Jaime Montes está de baja y le toca cuidarse. El proceso es lento. En noviembre tuvo curas todos los días en el centro de salud y, en estos momentos, está en plena rehabilitación musculatoria.
Hace unos meses no se valía por sí mismo. No podía hacer ningún esfuerzo con los brazos. Ahora ya da largos paseos y se encuentra mejor física y mentalmente. Pero todavía le queda camino por recorrer.
Debe congelar carne y pescado antes de comer estos alimentos, limpiar bien fruta y verdura, no relacionarse con personas que estén enfermas y tomarse “tropecientas pastillas”. "Lo vas interiorizando", afirma sobre el proceso actual de inmunosupresión al que está sometido para evitar que su cuerpo rechace el corazón que le ha dado una segunda oportunidad de vivir.
Cuando le dieron el alta, no se lo creía. Tenía ganas de salir del hospital y cuando llegó aquel jueves de otoño le llamaron poderosamente la atención los colores del parque. "Todo brillaba más. Eres especialmente receptivo", confiesa.
En la actualidad sigue apreciando cada detalle. En la UCI disfrutaba con un simple un yogur y ahora sueña con que su doctora le diga que ya se puede sentar en una terraza a tomarse algo con los amigos. “Me han dicho que cuando llegue el buen tiempo. Sin picos de covid o gripe". Le hace mucha ilusión. Son placeres pequeños a los que otras personas no concederían ninguna importancia. Pero él va, poco a poco, alcanzado cada día una nueva meta. Y eso para él es la felicidad.
(SERVIMEDIA)
27 Feb 2025
MJG/pai