Energía

España lidera la pobreza energética en la UE, según un estudio de Fundación Naturgy

MADRID
SERVIMEDIA

El 20,8% de los españoles no puede acceder a unos servicios energéticos esenciales a precios razonables en el hogar, con lo que España lidera junto a Portugal la pobreza energética en la Unión Europea.

Así lo revela el estudio ‘Comprendiendo la pobreza energética. Un análisis de la persistencia’, elaborado por la Cátedra de Sostenibilidad Energética del IEB-Universidad de Barcelona y publicado por Fundación Naturgy. Según el estudio, datos recientes evidencian que alrededor de 42 millones de europeos podrían ser reconocidos como pobres energéticos, lo que supone un porcentaje del 6,9% en el conjunto de la UE.

Con ello, se ha detectado un aumento notable de la incidencia en 2023, en gran medida atribuible a la crisis energética y a la fuerte subida de los precios del gas y de la electricidad, que siguen afectando principalmente a los hogares más vulnerables. Con estos datos, el objetivo final de la Estrategia Nacional contra la Pobreza Energética (ENPE) consistente en la reducción de la pobreza energética en España, respecto a la situación de 2017, en al menos un 25% para el año 2025, está muy lejos de verse cumplido.

De esta manera, el informe constata que las medidas que se han puesto en marcha para paliar la pobreza energética transitoria no sirven para atajar la pobreza energética crónica y pide buscar otras soluciones. Esto se traduce en que, según las estadísticas, contar con un mayor nivel de riqueza o tener una vivienda en propiedad disminuyen significativamente la probabilidad de sufrir pobreza energética crónica.

En consecuencia, los autores plantean que es preferible adoptar medidas de largo plazo orientadas a conseguir reducir la desigualdad económica y fomentar la igualdad de oportunidades para aliviar la pobreza energética persistente.

En lo relativo a la situación laboral y el nivel educativo, el equipo de investigadores liderado por María Teresa Costa señala que también influyen, ya que estar trabajando o haber finalizado la educación superior, en particular, reduce significativamente el riesgo de pobreza energética crónica.

Por otra parte, concluye que los hogares en los que el sustentador principal es una mujer muestran un mayor riesgo de padecer pobreza energética transitoria.

En consecuencia, el resultado de los análisis del grupo de autores reconoce la dimensión de género en la probabilidad de ser pobre energético, al tiempo que ponen de manifiesto la necesidad de que las políticas energéticas que abordan la pobreza energética introduzcan esta cuestión de una manera más consciente y efectiva.

Por último, en lo relativo al retraso en el pago de facturas, los hogares unipersonales tienen una menor probabilidad de experimentar pobreza energética, ya sea transitoria o crónica. Una posible explicación puede ser que este colectivo haya restringido su consumo de energía, razón por la cual muestran un menor riesgo de pobreza energética ante indicadores que capturan aspectos más financieros.

(SERVIMEDIA)
12 Dic 2024
JBM/gja