Biodiversidad

Científicos españoles recrean el accidente de Chernóbil para estudiar los efectos de la radiación en la biodiversidad

MADRID
SERVIMEDIA

Un equipo científico de la Universidad de Oviedo y la Estación Biológica de Doñana del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) pusieron en marcha una serie de experimentos para recrear el accidente de Chernóbil y estudiar cómo afecta la radiación a los anfibios y escarabajos.

“Los anfibios son un buen modelo de estudio para este tipo de investigaciones porque están expuestos tanto a ambientes acuáticos como terrestres y se desplazan poco, por lo que su exposición a la radiación suele ser más estable”, explicó el investigador de la Estación Biológica de Doñana-CSIC, Pablo Burraco.

El científico dirige, junto al investigador Iván Gómez-Mestre, el primero de los experimentos en los laboratorios de su centro de investigación, ubicado en la Isla de la Cartuja en Sevilla.

El objetivo es simular un accidente nuclear para comprobar si la melanina es un factor de protección contra la radiación, lo cual ya sugirieron los estudios observacionales que se estaban realizando en Chernóbil, antes de que la pandemia frenara sus proyectos.

En 2016, el investigador de la Universidad de Oviedo, Germán Orizaola. inició un estudio para investigar el efecto de la radioactividad en la rana arborícora oriental (Hyla orientalis). Posteriormente, se unió el investigador Pablo Burraco.

Tras tres años de muestreo exhaustivo en Chernóbil, los resultados indicaron que la radiación apenas tenía efectos aparentes en las ranas, excepto en una sola cosa: su coloración. Las que vivían en la Zona de Exclusión, área que fue evacuada tras el desastre, tenían un tono más oscuro que las que vivían fuera de él.

El estudio fue observacional y en él encontraron una correlación que sugería que la melanina era un factor de protección, pero no lo demostraba. Para hacerlo, decidieron reproducir el accidente nuclear en condiciones controladas, algo que pudieron hacer en laboratorios lejos de Chernóbil bajo el cumplimiento de las normativas europeas.

“Las dosis no eran letales por lo que, en un primer momento, no detectamos diferencias de mortalidad relacionadas con la coloración”, detalló Burraco. El experimento ya dura más de un año y durante este tiempo, los sapos se mantuvieron en cámaras climáticas bajo condiciones muy controladas para evitar la incidencia de otros factores.

“De momento tienen muy buen aspecto y prácticamente no hay diferencias de tamaño, pero algo está empezando a pasar dentro de ellos. Estamos empezando a ver diferencias en la mortalidad”, aseguró el investigador.

(SERVIMEDIA)
10 Mayo 2024
AGG/gja