TABACO

ANTONI DALMAU, HISTORIADOR DE LA SEMANA TRÁGICA, ATRIBUYE SU DERIVA AL ANTICLERICALISMO DE LOS OBREROS DE BARCELONA

MADRID
SERVIMEDIA

El escritor e historiador Antoni Dalmau, que acaba de publicar en La Esfera de los Libros su ensayo de divulgación "Siete días de furia. Barcelona y la Semana Trágica", atribuye los ataques que se produjeron contra iglesias y conventos al "fondo anticlerical" que había en los obreros barceloneses.

La Semana Trágica, que se desarrolló del 26 de julio al 2 de agosto de 1909 y cuyo centenario se ha venido conmemorando estos días, fue, según explicó Dalmau en declaraciones a Servimedia, "muy antibelicista en su arranque" que se convirtió en "anticlerical porque la Iglesia gozaba de muchos privilegios y tenía un control prácticamente absoluto sobre el sistema educativo".

De acuerdo con este experto, la Iglesia "tenía en contra no sólo la tradicional oposición de los anarquistas, sino mucha demagoga populista de los lerrouxistas, muchos de cuyos líderes canalizaron la protesta contra las iglesias y los conventos, más que contra las fábricas y las viviendas de los burgueses".

La Semana Trágica fue también un movimiento de clase, "protagonizado por las clases bajas de Barcelona porque eran las más perjudicadas por el envío de tropas de embarque para la Guerra de África", precisó Dalmau. "Quienes iban a la guerra eran quienes no podían permitirse el lujo de pagar la redención en metálico del servicio militar".

"Tradicionalmente", añadió, "las relaciones entre el ejército y la sociedad catalana no eran muy buenas", y la tensión se vió acentuada por "el ataque contra las sedes de Cu-Cut y La Veu de Catalunya" (dos publicaciones de la Lliga Regionalista asaltadas por militares tres años antes). Se da la circunstancia de que "el comandante que dirigió el asalto, siendo general, fue el encargado de terminar a cañonazos la rebelión de la Semana Trágica".

NO FUE SEPARATISTA

Pese a estas concomitancias, Antoni Dalmau no ve "el más leve asomo separatista" en aquella revuelta. En su opinión, "lo dijo el ministro de la Gobernación, Juan de la Cierva, porque le interesaba enormemente evitar que la rebelión se extendiera al resto del Estado, y el mejor modo de hacerlo era aislar a Cataluña diciendo que el movimiento era separatista".

Respecto a la ejecución de Francisco Ferrer y Guardia -el intelectual acusado de organizar la rebelión- Dalmau considera que "no había tenido prácticamente ninguna participación en los hechos, pero era profundamente odiado por los sectores más conservadores de la sociedad, por sus ideas, sus conspiraciones y la creación de la Escuela Moderna".

En otro orden de cosas, Dalmau se mostró favorablemente sorprendido por la amplitud de las celebraciones del centenario: "Ha habido una enormidad de actos, conferencias, libros", resaltó. "Muchísimo más de lo que hubiese pensado nunca".

Por el contrario, el historiador restó importancia a las pintadas y sabotajes que han sufrido estos días algunas iglesias y conventos de Barcelona, en el particular homenaje que ha rendido a la onomástica un colectivo llamado La Gallinaire.

"No creo que el asunto sea muy profundo", señaló, "porque hoy la situación es totalmente diferente y la Iglesia ha dejado de ser el poder que fue en el pasado, por lo que el anticlericalismo tampoco tiene un auge especial. Creo que es más una gamberrada o un recuerdo del grupito original, pero no creo que tenga mayor trascendencia", concluyó.

(SERVIMEDIA)
01 Ago 2009
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