Reportaje

Desviar asteroides, cuestión de supervivencia

MADRID
SERVIMEDIA

Millones de asteroides viajan por el Sistema Solar, y no es extraño que muchos de ellos choquen con planetas o con otros cuerpos. Contra la Tierra han impactado en varias ocasiones, provocando extinciones masivas de especies, como, por ejemplo, la de los dinosaurios. Más pronto o más tarde volverá a ocurrir, y si el objeto que nos impacta tiene apenas un kilómetro de diámetro acabará con la humanidad. Conscientes de este peligro, las agencias espaciales trabajan con denuedo para conocer más a fondo los asteroides, predecir su órbita y, si fuera necesario para nuestra supervivencia, tratar de desviar su trayectoria.

En el pasado, grandes objetos han impactado contra la tierra provocando cataclismos. Así lo atestiguan más de una decena de cráteres gigantes que se han encontrado en la superficie terráquea, como el de Vredefort en Sudáfrica, el de la bahía de Chesapeake (Virginia) en EEUU o el de Chixculub (Yucatán) en México, este último correspondiente al meteorito que provocó la extinción de los dinosaurios.

Esto que ocurrió en el pasado remoto, podría volver a suceder. En declaraciones a Servimedia, René Duffard, especialista en objetos menores del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA), comenta: “El objeto que produjo la extinción de los dinosaurios se calcula que tenía un kilómetro de diámetro antes del choque con la atmósfera terrestre. Si nos impacta un objeto de un kilómetro, tendremos serios problemas. Por suerte, eso es bastante improbable, pero objetos más pequeños sí que impactan y han impactado. Con solo 10 metros de tamaño, un objeto ya puede hacer un lindo desastre por aquí”.

Por eso, es vital obtener información sobre los asteroides, cometas y meteoroides que pululan por el Sistema Solar y, en especial, los que pasan más cerca, los llamados “objetos cercanos a la Tierra” (NEO, por sus siglas en inglés). Pero la exploración de estos cuerpos no se justifica solo por el miedo a que puedan impactar con la Tierra. Estos antiquísimos objetos del Sistema Solar contienen información de enorme valor científico sobre la época en que se formaron los planetas.

RESTOS DE LA FORMACIÓN PLANETARIA

“De forma estelar”. Esto es lo que significa la palabra asteroide, ya que esa es la apariencia que mostraban los primeros que fueron vistos a través de telescopios. Pero, ¿qué son los asteroides y de dónde proceden? Duffard contesta: “Son restos de la formación planetaria, material que ha quedado ahí y que no ha formado ningún planeta, ningún satélite. Los estudiamos porque constituyen un material primigenio, intacto, desde la formación del Sistema Solar”.

Buena parte de ellos quedaron confinados en el cinturón principal de asteroides, situado entre Marte y Júpiter, aunque existen otras regiones que albergan objetos, como el cinturón transneptuniano, donde abundan los cometas. En estas regiones deberían permanecer, pero, como indica el investigador del IAA, “una parte de ese material abandona esos cinturones a causa de las perturbaciones y pueden llegar a órbitas cercanas a la Tierra”.

Los científicos han intentado en varias ocasiones calcular el número aproximado de asteroides que hay en el Sistema Solar. Josep Maria Trigo, investigador principal del Grupo de Meteoritos, Cuerpos Menores y Ciencias Planetarias del Instituto de Ciencias del Espacio (IEEC-CSIC), explica: “Si llevamos al límite inferior la definición de asteroide, es decir, un cuerpo rocoso mayor de 10 metros, tan solo el cinturón principal entre Marte y Júpiter debe albergar millones de estos objetos. Entre ellos, hoy en día conocemos cerca de un millón. La mayoría de asteroides poseen diámetros inferiores a 300 kilómetros, aunque siete de ellos destacan por poseer un diámetro superior”.

Entre estos asteroides de mayor tamaño destaca Ceres, que tiene 930 kilómetros de diámetro. “Luego hay dos o tres de unos 500 kilómetros; mayores de 100 kilómetros habrá unos 200, y ya más pequeños hay cientos de miles”, completa Duffard.

“POTENCIALMENTE PELIGROSOS”

Para vigilar los objetos que orbitan en las proximidades de la Tierra (los NEO), contamos con un centinela excepcional. Se trata del telescopio espacial Neowise, lanzado en 2013 por la NASA, que ha rastreado el Sistema Solar logrando mediciones de más de 19.000 asteroides y cometas en longitudes de onda infrarrojas y recogiendo millones de imágenes del cielo en el espectro infrarrojo.

De entre todos los NEO, los que son objeto de un mayor seguimiento son los denominados “asteroides potencialmente peligrosos” (PHA, por sus siglas en inglés). Según indica Trigo, “los PHA son aquellos cuerpos cuyas órbitas poseen una distancia mínima de intersección orbital con la Tierra inferior a unos 7,5 millones de kilómetros y que, además, son mayores de unos 150 metros de diámetro. Se conocen unos 1.697 PHA y, entre ellos, existen 157 con un diámetro estimado superior al kilómetro”.

Trigo continúa: “El interés de las agencias espaciales por estudiar estos asteroides cercanos es creciente, dado que son los objetos más grandes que se acercan a la Tierra lo suficiente como para suponer un peligro a medio o largo plazo. A fecha de hoy, el peligro no existe, pero es cierto que todavía desconocemos la existencia de la mayoría de asteroides con menos de 100 metros de diámetro”.

El hecho de que se les catalogue como “potencialmente peligrosos”, aclara el astrofísico del IAA, no significa que vayan a impactar contra nosotros. “Quiere decir que cruzan la órbita de la Tierra, pero no que vayan a impactar; son como personas que cruzan por la autovía por la que nosotros circulamos, pero no quiere decir que necesariamente las vayamos a atropellar con el coche”, explica Duffard.

UNA MISIÓN DE IMPACTO

Si el próximo mes de diciembre los ministros de los países miembros de la ESA aprueban el proyecto Asteroid Impact Mission (AIM), un satélite de dicha agencia podrá ser testigo directo del primer impacto de un objeto artificial sobre un asteroide. En caso de aprobarse, AIM se integrará en el Asteroid Impact and Deflection Assessment (AIDA), un programa de cooperación con la NASA.

El objetivo es llegar, en junio de 2022, a las proximidades del sistema binario Didymos, formado por el asteroide Didymain, de 800 metros de diámetro, y una pequeña luna de 170 metros de diámetro, llamada coloquialmente Didymoon, que orbita a su alrededor.

La NASA hará entonces estrellar su satélite DART contra Didymoon y abrirá en esta luna un cráter de entre 5 y 20 metros de diámetro. La ESA observará el impacto desde una estructura múltiple, el satélite principal, un módulo de aterrizaje (Mascot-2) y dos nanosatélites.

“Esta misión conjunta pretende probar in situ y por primera vez la tecnología para desviar un asteroide”, explica el investigador del IEEC-CSIC, quien detalla: “La misión irá acompañada de dos CubeSats, unos nanosatélites en forma de prisma rectangular de 10 centímetros de alto y de ancho y 30 centímetros de largo, y unos 3 kilos de peso. Estos satélites se desplegarían alrededor del asteroide secundario con el fin de estudiarlo y monitorizar el impacto de la sonda DART sobre su superficie. Se pretende cuantificar la desviación de la órbita originada por el proyectil, así como estudiar la composición química del asteroide”.

Por su parte, el científico de la AIM Michael Küppers subraya que el proyecto internacional AIDA será “la primera misión que prueba un método de desviar un objeto que podría impactar contra la Tierra”. El responsable de la ESA añade: “Observando la colisión de AIM con Didymoon, aportará información sobre la física de impactos”.

Además, según Küppers, los nanosatélites CubeSats van a poder acercarse a Didymoon cuando impacte el DART, lo que sería demasiado arriesgado para el satélite principal. “De esa manera, recibiremos información adicional sobre el proceso del impacto y el material que sale del cráter”.

DESVIAR UN ASTEROIDE PELIGROSO

Sobre las posibilidades que tenemos de desviar un objeto que se acerque peligrosamente a la Tierra, Küppers aclara: “Cuanto más pequeño sea y cuanto mayor sea la antelación con que lo descubramos, mayores posibilidades tendremos de desviarlo. AIM nos va a proporcionar más información sobre la eficacia y las limitaciones de la técnica de desviar un asteroide mediante un impacto”.

No se muestra tan optimista René Duffard, para quien la AIM “es como lanzar un coche contra el monte Veleta, en Sierra Nevada: no le va a hacer absolutamente nada. No lograremos desviar la órbita. Va a ser un impacto muy pequeñito, imperceptible”.

En opinión de Josep Maria Trigo, queda un largo camino por recorrer para desarrollar una técnica que nos permita desviar los objetos que se acerquen peligrosamente: “Desde luego es una ardua tarea, porque requiere desarrollar técnicas adecuadas, así como comprender la naturaleza y composición de estos objetos y la peculiar física que reina en sus proximidades. Sin entender su naturaleza y estructura, un fallo podría desgajar un objeto peligroso en miles de fragmentos, arrasando medio planeta”.

Sin embargo, los científicos se han puesto manos a la obra, como atestigua este investigador: “Desde nuestro grupo de investigación del CSIC estamos desarrollando experimentos multidisciplinarios para comprender mejor las propiedades mecánicas de los materiales que forman estos astros y su comportamiento frente a los impactos”. Todo menos permanecer de brazos cruzados. No es para menos: nos podría ir la vida en ello.

(SERVIMEDIA)
15 Ago 2016
ISP/gja/caa