Veerabhadran Ramanathan, Premio Fronteras del Conocimiento en Cambio Climático de la Fundación BBVA

MADRID
SERVIMEDIA

El climatólogo indio Veerabhadran Ramanathan ha sido el ganador de la octava edición del Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en la categoría de Cambio Climático.

La Fundación BBVA destaca del trabajo de Ramanathan su descubrimiento de que además del CO2 hay otros gases y contaminantes afectados por la actividad humana con un enorme poder para alterar el clima de la Tierra, sobre los que se puede actuar y combatir el calentamiento global con resultados a corto plazo.

El trabajo de Ramanathan, señala el acta del jurado, “ha servido de inspiración a la hora de proponer y evaluar acciones prácticas para mitigar el cambio climático y mejorar a la vez la calidad del aire y la salud humana, especialmente en las regiones más desfavorecidas del planeta”.

Además, resalta que las aportaciones de este científico son indispensables para “evaluar las estrategias que se propongan para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París”.

El jurado reconoce también “la visión y dedicación” de este catedrático de la Universidad de California a la hora de “comunicar los riesgos que suponen el cambio climático y la contaminación atmosférica”, implicando a líderes mundiales y contribuyendo a “crear opinión pública”.

Ramanathan es miembro de la Academia Pontificia de las Ciencias y, según la Fundación BBVA, en los últimos años ha desempeñado un papel crucial en el asesoramiento sobre cambio climático a líderes religiosos como el Papa Francisco y el Dalai Lama.

PEORES QUE EL CO2

En 1975, Ramanathan descubrió que los clorofluorocarbonos (CFCs), un tipo de gases hasta entonces asociados únicamente a la destrucción de la capa de ozono, eran además potentísimos gases de efecto invernadero; es decir, contribuían al cambio climático.

En concreto, descubrió que una tonelada de CFCs atrapa tanto calor en la atmósfera como 10 toneladas de CO2, y más adelante detectó otras sustancias con las mismas características.

El climatólogo y otros investigadores encontraron más tarde que estos gases llamados ‘traza’ (son menos abundantes que el CO2) causan el 45% del efecto invernadero atribuible a la acción del hombre.

Ramanathan es además pionero en el estudio del papel de las partículas en suspensión en el cambio climático. Para la investigación de estos aerosoles puso en marcha experimentos a gran escala sin precedentes en el área, con tecnologías muy innovadoras entonces como los drones.

Así, una flotilla de estos aviones atravesó una nube de contaminación sobre el Pacífico tan extensa como todo Estados Unidos, gracias a lo cual Ramanathan y sus colaboradores acabaron descubriendo que un tipo específico de aerosol, el hollín o carbonilla, ejerce también un potente efecto invernadero y por tanto tiene un gran impacto en el calentamiento global.

Este tipo de aerosoles proceden de motores de automóviles y calefacciones y de la quema de combustibles poco eficientes como heces de ganado en cocinas en países pobres, como la India y en general el sudeste asiático. Constituye una parte importante de la contaminación de las ciudades europeas y causa la muerte de decenas de miles de personas en los países en desarrollo.

RECOMENDACIONES

Por todo ello, el experto defendió la necesidad de enfocar la lucha contra el cambio climático también contra este tipo de contaminante, con enorme impacto en la salud y en el clima.

En su opinión, tras el “memorable” acuerdo logrado en París, la comunidad global debería poner más énfasis en combatir los gases traza y el hollín, ya que ofrecen “una gran oportunidad” para lograr un efecto rápido contra el calentamiento.

Ambos permanecen en la atmósfera poco tiempo en comparación con los siglos que tarda el CO2 en desaparecer, explica, así que disminuir sus emisiones conseguiría un efecto mucho más rápido del que se logra reduciendo el CO2.

Los gases traza y el hollín “son entre 25 y 4.000 veces más potentes que el CO2 en su contribución al efecto invernadero, pero se quedan en la atmósfera días, en el caso del hollín, o hasta 15 años en el caso de los HFCs”, apuntó Ramanathan.

“Reducir las emisiones de estos contaminantes de vida corta tendrá un impacto inmediato y puede ralentizar enormemente el calentamiento global de aquí a unas décadas. Esto retrasaría los desastres ambientales y nos daría un tiempo que necesitamos desesperadamente para cambiar radicalmente nuestra dieta energética”, concluyó.

(SERVIMEDIA)
08 Ene 2016
AGQ/caa