Íñigo Pírfano: "No me interesa la música si no nos ayuda a ser mejores"
- Este director de orquesta recibió recientemente el Premio Liderazgo Joven de la Fundación Rafael del Pino

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Íñigo Pírfano, director de orquesta y fundador de la Orquesta Académica de Madrid, recibió el pasado día 22 de junio el Premio Liderazgo Joven 2011 de la Fundación Rafael del Pino. Con motivo de este reconocimiento, el joven músico ha compartido sus impresiones en una entrevista publicada en los blogs de Obra Social Caja Madrid.
Confiesa que su pasión sólo tiene un nombre: la música, por la que siempre ha tenido un sentimiento especial, aunque admite que la primera vez que pisó un conservatorio no le gustó. Íñigo Pírfano (Bilbao, 1973) define la música como algo más que un lenguaje universal, destaca su gran poder transformador y la reivindica como salida a la crisis.
Tras licenciarse en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid, comienza sus estudios de dirección de orquesta, coro y ópera en Austria y Alemania. Ha dirigido la Orquesta Sinfónica de Euskadi, la de Bilbao; la Filarmónica de Stettin o la Sinfónica del Festival ‘Jugend musiziert’ de Alemania. En 2008 obtuvo la beca de la Fundación Caja Madrid para realizar estudios de perfeccionamiento en Dirección Coral en la Universidad de Música y Artes Escénicas de Graz (Austria). Además, fundó la Orquesta Académica de Madrid, en la que lleva más de 10 años trabajando junto a otros jóvenes músicos.
Esta extraordinaria trayectoria le han hecho merecedor del Premio Liderazgo Joven 2011 de la Fundación Rafael del Pino.
¿Qué supone para usted que le hayan otorgado el Premio Liderazgo Joven 2012?
Para mí ha sido una sorpresa, muy grata. Sabía que había sido presentado por uno de los exbecarios de la Fundación Rafael del Pino, pero en ningún momento pensé que podía llegar a ser finalista y por supuesto ganar. He puesto en marcha la Orquesta Académica de Madrid, pero no pensaba que mi perfil se acercara al de un emprendedor, un líder…
Estoy muy contento y me da la ocasión de dar a conocer mi trabajo en la Orquesta Académica de Madrid, que en estos 10 años se ha hecho un nombre en el mundo musical. Ahora tenemos la oportunidad de ensanchar las fronteras, de abrirnos y ser conocidos, no sólo en el mundo musical sino también entre la sociedad civil.
¿Cómo surge su pasión por la música? ¿Cómo decide enfocar su carrera hacia la dirección de una orquesta?
Lo mío no tiene demasiado mérito porque soy hijo de director de orquesta. Soy de una familia donde la música siempre ha estado muy presente, aunque es cierto que yo nunca había realizado estudios musicales. Nunca había pisado un conservatorio, o mejor dicho, lo pisé y no me gustó el ambiente, aunque el gusto por la música siempre había estado presente.
Siempre he tenido inquietud por la música y cuando acabé mis estudios de Filosofía, esa inquietud se convirtió en obsesión.
¿Qué es para usted la música?
Se ha escrito mucho sobre si es el lenguaje más universal… para mí la música es mucho más que un lenguaje, es una vía de conocimiento. Me interesa por el enorme poder trasformador que tiene y, además, en estos tiempos que estamos viviendo con tantos desajustes y desarraigos, la música tiene que estar mucho más presente, cosa que en nuestro país no sucede, pero poco a poco vamos viendo señales que me hacen pensar que esto tiene que cambiar.
¿Qué valoración hace de su experiencia y carrera musical hasta el momento?
Todavía considero que estoy en un periodo de aprendizaje. Mi etapa académica ya la acabé hace unos años y llevo trabajando con esta orquesta más de 10, desde que la fundé en el año 2000. Estos 12 años están siendo de aprendizaje, de crecer y creo que ahora estoy en el momento ideal para afrontar retos más ambiciosos y enriquecedores en el extranjero.
¿A qué tipo de retos se refiere?
No descarto tener algún grupo con el que trabajar en el extranjero. Ahora mismo me han hecho una oferta en Alemania que tengo que considerar porque ese sería el objetivo que me gustaría alcanzar de cara a esta próxima temporada. Me interesa entrar en el mundo de las agencias y de las temporadas de conciertos y, para eso, el mercado está afuera.
Habla de proyectos a corto plazo, pero ¿qué meta profesional se ha propuesto alcanzar?
Mi gran meta es poder acceder a la titularidad de una orquesta de repercusión. Naturalmente eso es muy difícil, porque en una orquesta sólo hay un director y los puestos son pocos y muy codiciados. Pero, honradamente, me parece que estoy haciendo las cosas bien. Me he hecho a mí mismo como director.
¿Considera que ser director de orquesta es algo que se puede aprender con el tiempo o cree que no es sólo cuestión de trabajo, sino que también es necesario sentirlo?
Decía Manuel de Falla que la música se aprende, no se enseña y yo estoy completamente de acuerdo con esa frase. Hay unos años de aprendizaje que son absolutamente imprescindibles, pero en ese tiempo uno va adquiriendo el bagaje y la técnica, aunque mucho más importante que todo eso es lo intuitivo. Y esto es lo complicado de esta profesión. ¿Dónde se estudia dirección de orquesta? Pues en ningún sitio, uno gana en grandeza interior durante toda la vida.
Para mí es tan importante lo que se estudia en la carrera como jugar un partido de futbol, dar un paseo con los amigos, ver una buena película. Todo, si lo sabes aprovechar, enriquece la propia personalidad y también la música.
¿Qué siente un director de orquesta cuando se encuentra delante de decenas de músicos a su cargo?
Al principio te genera un respeto más parecido al miedo o al pánico. Pero, sin embargo, ese miedo escénico se transforma en una pasión y en un entusiasmo que no cambiarías por nada del mundo. Lo que se produce encima del pódium es mágico y allí están pasando cosas muy serias.
¿Qué cualidades cree que debe tener un buen director de orquesta?
Para ser un buen director de orquesta es importante la empatía. Pero más importante es la simpatía, que ya no es conocer lo que los demás sienten, sino sentir con ellos. Y por último, el director de orquesta es alguien que tiene que ganarse la autoridad con la calidad de sus propuestas. Crear un ambiente amable desde el que poder exigir.
Su labor profesional se ha desarrollado entre Austria, Alemania, Polonia y España. ¿Cree que un director de orquesta puede desarrollar con facilidad su carrera profesional en nuestro país o tiene más oportunidades y apoyo en el extranjero?
Al final lo más importante es intuitivo, da igual donde hayas estudiado. Ahora bien, yo animo a estudiar fuera porque lo que te aportan esos años en el extranjero, al margen de los estudios, de lo estrictamente académico, es una convivencia muy enriquecedora. Abrirte a otra cultura, otro idioma, abre la mente y abre horizontes insospechados.
¿Cree que existen diferencias en los apoyos que los músicos tienen en otros países europeos con respecto al nuestro?
Las universidades de música en Centroeuropa son estatales y tienen un apoyo enorme. Todo esto en España no lo tenemos aún, a día de hoy, pero yo espero que llegue el día en el que aquí podamos estudiar con los mismos medios.
¿Qué diría que es lo mejor de su profesión?
La satisfacción que te da una interpretación sentida, profunda… esas interpretaciones en las que nos cuesta describir qué ha pasado, pero todos sabemos que ha pasado algo… Cuando la última nota expira en la sala de concierto y se produce ese silencio elocuente, todos tenemos la íntima convicción de que ha ocurrido algo que ha dejado de ser un concierto para convertirse en otra cosa.
¿Y lo peor?
Quizás lo más difícil es el hacerte valer como intérprete cuando llegas a una orquesta profesional y los instrumentistas que tienes a tu cargo tienen mucha más edad y más experiencia que tú.
Usted fundó la Orquesta Académica como plataforma para jóvenes estudiantes de música. ¿Por qué se decantó por dar oportunidades a un público joven?
Me interesa mucho trabajar con gente joven y de ahí el nombre que hemos mantenido de orquesta académica, quizás el nombre es confuso y pueda parecer que es una orquesta de estudiantes y no lo es, pero quiero poner el acento en la formación y en la juventud.
No hay nada peor para la vida musical, y también para la vida en general, que sentir que uno ha llegado a una meta y relajarse. Para mí eso es la muerte de la música. Es muy importante sentirse joven. No me interesa la música, si no nos ayuda a ser mejores.
¿Qué recomendaciones daría a los jóvenes que quieren desarrollar su carrera en el mundo de la música?
Que no tiren la toalla. Es un mundo muy complicado en el que uno puede toparse enseguida con el peligro de encontrarse solo. Siempre se dice que es una carrera para gente solitaria yo no lo creo, pero evidentemente en el podio uno está solo porque tiene que convertirse en una especie de titán. Es una carrera difícil, de muchos años, en la que va a tener que abrirse camino penosamente como si uno intentara llegar al Anapurna, pero una vez has llegado a la cima, lo que se ve desde ahí, no se cambia por nada del mundo. Se necesita tesón, constancia, trabajo bien hecho y no tirar la toalla nunca.
¿Cómo animaría a los jóvenes que aún no conocen la música clásica a que se acerquen a ella?
Muchas veces lo que le falta a la gente es el acceso y gran parte de ese problema lo tiene la propia historia y tradición cultural de nuestro país. Todo esto ha generado un sistema educativo en el que la música prácticamente no ha estado presente y si lo ha estado ha sido de manera muy superficial, sin hacer ver la importancia que tiene la música en la propia formación. En Inglaterra, por ejemplo, en los colegios los niños hacen música, teatro… algo extraordinariamente importante en la propia formación, aun cuando el día de mañana no vayan a ser músicos profesionales.
¿De qué tema le gustaría hablar que aún no hayamos tocado?
Ahora mismo las orquestas están pasando por un momento muy difícil. Sobre todo aquellas financiadas con dinero público. Entiendo que la situación es muy complicada y que hay que tomar medidas, pero yo haría un llamamiento en general a las personas de bien para que procuren no dejar de lado todo este campo de la formación cultural. La música no ha de ser un elemento para tiempos de bonanza, sino un instrumento que tienda puentes en tiempos de tempestad y de crisis como en los que estamos.
Por lo tanto, ¿reivindica la música como una salida a la crisis?
La crisis no solo es financiera, también es de valores, de falta de confianza, de falta de comunicación… y la música tiene el poder de comunicarnos. La crisis tendrá que solucionarse, pero también tendremos que volver a mirarnos a la cara, comunicarnos las cosas con franqueza, y para eso la música es clave.
(SERVIMEDIA)
01 Jul 2012
LRM/gja