Energía
Greenpeace bloquea la entrada de un buque en la planta de gas del puerto de Sagunto
- Pide el fin de los combustibles fósiles para evitar escaladas de precios de la energía

El texto se ha copiado correctamente en el portapapeles
Activistas de Greenpeace accedieron este martes a bordo del buque Esperanza al puerto de la planta regasificadora de Enagás en Sagunto (Valencia) para impedir la entrada del buque gasero Merchant, procedente de Estados Unidos y cargado de gas empleado mediante fractura hidráulica o 'fracking', con el fin de reivindicar el fin de los combustibles fósiles.
Con ello, Greenpeace exige a Enagás (operadora de la red de gas) y a las empresas energéticas un plan de abandono progresivo del "gas fósil", terminología que prefiere utilizar frente al eufemismo de "gas natural". Los activistas, de 18 nacionalidades distintas, portaron pancartas en español y en inglés con los mensajes 'El gas no es el futuro' y 'No + gas'.
Zodiacs de la organización se aproximaron al buque Merchant, que porta un cargamento de 138.000 metros cúbicos de gas licuado (como 41 piscinas olímpicas) para pintar en su costado el mensaje ‘No + gas’, mientras un escalador se encaramó al ancla del barco para ejercer una “resistencia pasiva”, según Greenpeace.
Esta organización reclamó al Consejo Europeo extraordinario de energía, que se celebra este martes en Luxemburgo, que aborde la actual escalada de los precios desde la raíz del problema, es decir, la dependencia del gas. “Los gobiernos deben aplicar medidas urgentes para proteger a las personas vulnerables afectadas por las subidas de los precios de la energía causadas por la volatilidad del gas y acelerar la eliminación de todos los combustibles fósiles, incluido el gas, para evitar futuros riesgos”, añadió.
La planta de regasificación junto a la que quedó anclado el Esperanza es propiedad de Enagás en un 72,5% y, según Greenpeace, se trata de “uno de los puntos calientes de la llamada crisis del gas”. Además, es responsable de unos 4,5 millones de toneladas de emisiones directas anuales de CO2, lo que equivale a las de casi 1,4 millones de coches durante un año.
“El primer paso para que haya una transición que sea ordenada y justa con las personas es que los fondos de recuperación no se queden en manos de las grandes corporaciones que nos han traído a esta emergencia climática. El gas tiene que parar. Un gobierno y unas empresas que quieran demostrar su compromiso en la lucha contra el cambio climático lo primero que tienen que hacer es poner fecha de caducidad a todos los combustibles fósiles”, apuntó Francisco del Pozo, responsable de la campaña de gas de Greenpeace.
CUMBRE DEL CLIMA
Con esta acción de protesta pacífica y a menos de una semana del inicio de la Cumbre del Clima (conocida como COP26), que se celebra en Glasgow (Reino Unido) desde este domingo, Greenpeace denunció que el gas no es un combustible ni limpio ni de transición, ya que en realidad es un potente emisor de gases de efecto invernadero compuesto fundamentalmente por metano, un gas con un potencial de calentamiento global a los 20 años, 84 veces superior al del CO2.
Además, apuntó que en su proceso de extracción y transporte hay filtraciones de metano y finalmente durante su quema para los diferentes consumos, también produce CO2.
“Es hora de que Enagás y el resto del sector gasista asuma un compromiso urgente y real en la lucha contra el cambio climático y la transición energética y dejen de promover soluciones dudosas con publicidad verde y dinero público para mantener su modelo de negocio”, subrayó Tatiana Nuño, responsable de la campaña de cambio climático de Greenpeace.
Para Nuño, “empresas como Repsol, Naturgy o Shell invierten millones en publicidad para convencernos de que un combustible fósil tan dañino para el clima como el gas puede ser parte de la solución a la emergencia climática. Ha llegado el momento de quitar el micrófono a los asesinos del clima y apagar su sucia propaganda”.
(SERVIMEDIA)
26 Oct 2021
MGR/gja/clc