Varios testigos relatan escenas de “violencia policial desproporcionada” el 1-O
- Marchena a un testigo: "¿Son amigos de represión?"
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Seis testigos han declarado, tras el receso de mediodía, ante el tribunal que juzga el ‘procés’. Todos ellos han insistido en la “violencia” y la “desproporción” de la actuación policial en diferentes centros de votación el 1-O. Uno de ellos, Jordi Meca, aseguró que cuando llegó la Guardia Civil “solo oí ‘a por ellos” y, a continuación, “me dieron con la porra en la cabeza, en la espalda, me tiraron al suelo, me dieron patadas en las piernas y dos rodillazos en la cara que me provocaron sangre”.
Ante la sala del Tribunal Supremo que juzga a los líderes del independentismo por la convocatoria y celebración del referéndum del 1-O, los seis testigos que declararon tras el receso de mediodía relataron escenas de “violencia” provocadas por la intervención policial "desproporcionada" en los colegios electorales.
Uno de ellos, Jordi Meca, aseguró que en la escuela Mediterránea de Barcelona los agentes no advirtieron de que tenían orden de entrar. “Solo oí ‘a por ellos’”, dijo, y a continuación recibió varios golpes: “Me dieron con la porra en la cabeza, en la espalda, alguien me cogió de la piernas y me tiraron al suelo, me dieron patadas en las piernas y dos rodillazos en la cara que me provocaron sangre”. Por las agresiones sufridas interpuso una denuncia. “Anoté los números de los policías que me habían golpeado”, apuntó. No fue el único agredido, aseguró, ya que “vi a un vecino con la cabeza abierta y a otra vecina con la cara que parecía un mapa”.
Ese mismo día, en Fonollosa (Barcelona) la “desproporción era evidente”, indicó Mercé Torras. A un chico joven, agregó, “lo cogieron por la nuca, lo tiraron al suelo, lo inmovilizaron con la bota en la cabeza y lo esposaron; tras esposarlo lo trasladaron al ángulo más visible de la plaza de la iglesia a la vista de todos los vecinos, amigos y familiares".
Otra de las testigos que también estuvo en esta localidad, Magadalena Clarena, apuntó que sufrió una fractura en la muñeca como consecuencia de una caída durante la intervención policial.
AMENAZAS DE MUERTE
Jordi Pesarrodona acudió asistido por su letrado, ya que se encuentra investigado por desobediencia. Al inicio de su interrogatorio, el testigo aseguró que conocía a los acusados “debido a la represión”. “¿Son amigos de represión?”, preguntó entonces el presidente de la sala, Manuel Marchena. “No, debido a la represión no he tenido la oportunidad de conocer a todos”. A continuación comenzó el interrogatorio. Pesarrodona es payaso de profesión y concejal de ERC en Sant Joan de Vilatorrada (Barcelona).
Sobre el 1-O, explicó que estuvo en Sant Joan de Vilatorrada, donde agredido por una agente: “Me empujó por el hombro, no tuve tiempo de reaccionar, me vi arrastrado por el suelo, vi cómo arrastraban a otros, me empezaron a golpear con la porra en la zona testicular, me dieron cuatro golpes enormes con la porra, el primero me hizo un daño increíble, los siguientes menos porque me iba moviendo”.
Este testigo también estuvo en la concentración del 20-S en la sede de Economía. “Utilizamos la nariz de payaso como una herramienta de protesta simbólica, para evitar cualquier tipo de conflicto”, detalló. Aquel día se situó, luciendo una nariz de payaso, junto a un guardia civil que custodiaba los registros. “Por esta acción de protesta tuve muchos mensajes de apoyo, pero también muchas amenazas de muerte por redes sociales”, comentó.
También declaró el alcalde de Callús (Barcelona), Joan Badia, quien relató las cargas policiales de los agentes, ante “los gritos pacíficos y la resistencia pasiva de los ciudadanos”. "Somos gente pacífica en nuestro pueblo”, dijo. Según recordó, pidió a un agente que enseñara la orden de registro. “Dijo que no la tenía y le dije que con órdenes verbales no era suficiente”, declaró. Posteriormente, agregó,un agente le golpeó con el escudo y le tiró al suelo, y “luego vi que la Guardia Civil estaba cargando contra mis vecinos”.
Santiago Guerra, el último en declarar esta mañana, estuvo en Escuelas Pías de Barcelona, donde acudieron “unas 26 furgonetas de la Policía a eso de las 12.00”. Consciente de que se había prohibido el referéndum, el testigo dijo estar convencido de que “el derecho de voto no me lo podían prohibir”.
Guerra explicó que los policías "hicieron una auténtica muralla. Sin decir nada, empezaron a pegarnos. Tengo tres operaciones de corazón y tomo Sintrón. Si me hubiesen dicho que iba a pasar eso, me hubiese marchado, pero el dispositivo policial no nos dejaba salir. Cuando estaba yéndome, me cogió un policía por la espalda y me pegó puñetazos en las costillas. Otro me empezó a pegar en la cara y en la cabeza. El que me tenía cogido por la espalda me tiró al suelo. Y el otro me pegó una patada y me rompió tres costillas. Estuve mes y medio de baja”.
(SERVIMEDIA)
14 Mayo 2019
ICG/SGR/caa